Orientación laboral

No sea un quejica en el trabajo

En la oficina o en la fábrica, como en casa, con los amigos o vestidos de corto en un campo de fútbol, no no gustan los quejicas, esas personas que siempre están lamentando amargamente su suerte. O la actitud de un compañero. O lo insoportable que es un jefe. Una cosa es quejarse como forma de avisar de que algo no funciona. Otra muy diferente hacer de la queja nuestra forma de vida.

Julian Baggini, autor del libro La queja, de los pequeños lamentos a las protestas reinvindicativas ha escrito todo un ensayo sobre algo tan aparentemente trivial como la queja. Y lo tiene claro. “Solucionar los problemas del mundo llevaría un tiempo infinito, pero analizarlos correctamente nos costaría otro tanto. De ahí que lancemos prematuramente la mayoría de nuestras quejas sin haberlas madurado lo suficiente”.

Aportar soluciones

En resumen, que quejarse con razón está bien, pero hay que hacerlo cuando de verdad corresponde e intentando, siempre que sea posible, ser positivo y aportar soluciones. De esa manera nos convertimos en gente proactiva que mira por el bien común. En caso contrario, podemos ser unos “pelmas” insatisfechos.

La repetición cansa

Ignacio García de Leániz, profesor de recursos humanos de la Universidad de Alcalá de Henares, explica como debe ser la queja en el diario Expansión.  “La queja es una protesta que tiene parte de razón. El quejica es la reiteración de esta última, algo que nunca hay que confundir. La primera se tramita, para bien o para mal; pero cuando el problema tiene que ver con una actitud personal es un problema de fondo que la organización debe gestionar”.

Ya sabes quejas, las justas. Y si las haces, con soluciones.